lunes, 15 de agosto de 2011

EL MISTICISMO DE LOS SICURIS DE ITALAQUE

Por: Boris Bernal Mansilla[*]


Italaque, pueblo ubicado en el municipio de Mocomoco del departamento de La Paz, guarda en su ser una invaluable riqueza acuñada por tiempos milenarios y heredada de generación en generación. Este legado majestuoso son los “Sicuris” expresión integrando saberes y conocimientos ancestrales.


Escuchar y sentir las melodías de los Sicuris de Italaque es la experiencia más cercana de lo que los monjes hindúes llaman Shamadi;[1] la perfecta emulación a los latidos del corazón dan inicio a la armónica música pentatónica; como gesto de creación divina es el sonido de las zampoñas,emanadas de un soplido profundo. Todo pareciera que estos hombres convocan a seres celestiales para deleitarles con sus melodías.

Como danza es un andar lento, majestuoso, una verdadera reminiscencia de los pasos de los hijos del sol, un verdadero acto místico de culto a su padre supremo.

Cuenta la leyenda que un anciano cortó un tallo de cebada para calmar el llanto desconsolado de un niño con los sonidos del viento, así nació la zampoña o Sicu. Así lo cuentan los pobladores de Italaque y lo escribe el R.P. Homero Elías: “Los padres del niño habían salido a cuidar sus chacras y a recoger la papa hecha tunta que reposaba en unos charcos cercanos congelados.
La mañana era luminosa y el suelo blanco, cubierto con una capa delgada de hielo.
- Carambas esta wawa no se calla - Decía el anciano golpeando la cebada para sacarle el grano. Se acercó al payo donde berreaba su nieto y le pregunto con voz de abuelo: - Que pasa contigo che -
Y el niño pego un grito tan fuerte que le cambio el color del rostro de barro a morado. El viento soplo fuerte y le saco un dulce sonido a la caña de cebada. Entonces el anciano hizo una cosa muy rara: tomo varias cañas de distintos tamaños y soplo a través de ellas; inundó la casa una música suave y armoniosa y el niño, al oír aquello,dejo de llorar.
Así aquel hombre, sin darse cuenta, inventó sicu o la zampoña. Cuando los padres del niño llegaron a casa, se regocijaron por aquel invento.
Estaban muy contentos y reían de la ocurrencia del abuelo sin saber que aquel era el origen de los sicuris y que su hijo perfeccionaría aquel instrumento musical usado caña de carrizo y acompañándolo con el bombo.
Cuando el niño creció reunió a sus amigos, con ellos compuso melodías que tocaba una y otra vez,mientras cuidaba el rebaño de llamas de su padre y durante las fiestas del pueblo y posteriormente cuando el Inca lo solicitaba”[2].

El Sicuri, hombre erguido, de facciones duras pero de sutiles movimientos y mirada armoniosa; su vestimenta es un verdadero templo barroco recién tallado, que junto a catorce hombres constituyen una tropa formada en un circulo de conexión inseparable,semejante a una danza de meditación.

“Ricas en vestimenta,brillantes en colorido, ofrecían el espectáculo más extraordinario que puede darse. Muchos conjuntos ostentaban el penacho de plumas de flamenco o de avestruz, que en la parla aymara se llaman respectivamente parihuana y suri, y que en continuo girar de los músicos se convertía en remolino de blanco ondular. Había tropas ataviadas con levitones azules que llegaban hasta los pies y con una larga bufanda de vicuña colgada del sombrero, en severo atuendo acorde con los adustos semblantes. Los había de cortar vestimentas, con petos de cuero, airosos penachos de plumas de guacamayo, polainas multicolores,ponchos de armoniosos colores, faldellines plisados, fajas, blusas, chupas y“chuspas”, camisas con alzacuello, calzones partidos estilo “Chchuta”,bocamangas bordadas. El “achach – Kumu” (viejo jorobado), una especie de payaso de cada conjunto, vestía de la manera más inverosímil pero siempre ricamente y se contorsionaba inflado los carillos al soplar el pututu, cuya voz profunda resonaba con ecos multiplicados formando una especie de fondo, de roncos estruendos, que siendo de notas muy distintas a las de la zampoña, no se mezclaban con estas y por el contrario tenia si propia vigencia, bronca,estremecida y prolongada como un lamento secular: Cada sicuri se movia pausadamente portando la pesada “caja” que golpeaba al compás de la música pentatónica.El semblante imposible oscuro apenas contraído por el refuerzo de un soplar constante que solía prolongarse por horas y días. Todo era armonioso desde la“usuta” que calzaban hasta el alto sombrero sevillano o de plumas. El Sicuri era el complemento multicolor del paisaje”[3].

Así es, todo en perfecto equilibrio con la naturaleza, sus instrumentos fabricados con los insumos que la Pachamama brinda: el Bombo hecho de la corteza de un árbol y las zampoñas de las cañas de carrizo. Demostrando la simpleza de la belleza y la perfección de la vida, sin olvidar los ritos de su propia fabricación y su constante contactaron sus Achachilas o Deidades, “debes dejar serenar a la brisa del amanecer que afine tu zampoña”.Mencionan los sabios de la comunidad. Solo el misticismo y la devoción a sus deidades explican el sentido de su música.

Kolla significa sanador,cuya cualidad y deber ser era llevar a lo recóndito del Incario el remedio del cuerpo y del alma (ajayu). Por tal razón no podemos separar a los kallawayas de los sicuris de Italaque: complementos necesarios del quehacer religioso y ceremonial prehispánico.

“La música se transmite de generación en generación y aun su instrumental pues las zampoñas o sicus pertenecen a dinastías musicales y no se renuevan sino cuando ya no suenan por viejas y deterioradas. ¿Desde qué tiempo se escucha el Sicuri? ¿Habrá sido creación americana o vendría con las migraciones de allende los mares origen que puede rastrearse ubicando las zonas de expansión del caramillo pánico? ¡Quien lo sabe, quien lo sabe! Mas su vigencia, tan trascendendental, tan adentrada que se hace cualidad étnica acompañó a la vida del aymara sin estropearse sin apenas cambiar en su esencia. Pues el Sicuri, que brota de las viejas cañas de la zampoña andina, aun en el huayño mas movido, es siempre triste, con cierta dimensión de lamento, con cierta aura adolorida que transporta y enternece”, nos dice Salazar Mostajo.

Es así el Sicuri,imponente, majestoso, sencillo, místico y melancólico, una perfecta complementariedad. El sonido individual de cada uno de los componentes hace que converjan en una sola melodía, siendo el mecanismo del clavicordio un infante comparado con ellos.

Italaque capital natural de los sicuris, eres último guardián del folklore boliviano, llevas en tu ser este invaluable caudal. Que el mundo conozca y aprenda ahora tus saberes de vida.

[*] Boris Bernal Mansilla; Escritor y es descendiente del Cacique kutipa de Italaque.

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NOTAS:
[1] Shamadi un estado de conciencia de “meditación”, “contemplación” o “recogimiento” en la que el meditante siente que trasciende las limitaciones de su cuerpo y alcanzala unidad con lo divino.
[2]ELIAS, Chávez Homero; “Cuentos e Historias de un Pueblo llamando Italaque, Ed.Artes graficas Delfos 2005
[3]SALAZAR, Mostajo Carlos; "Warisata Mia"; Ed. Juventud - 2000

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